EN EL PRINCIPIO


¿Dónde está tu cintura,

cual río apaga

hasta desembocar

huérfana mi alma?

¿Dónde está aquella fuente

que riega mi habla

vid del verso silente

y fuerte parra?

Mecen mis grandes ojos,

ungen de baba

mis dedos al tormento,

y la luz gualda

que bautiza los días

sólo la mata,

se opaca con tus labios

como voz blanda.

De nuestra estable vida

ni se hace lanza,

el aposento al día,

ni se hace blanca

con el frugal la mente

o la mirada;

son tus labios rosáceos

o rojos que aran

recíprocos el campo

y se te encarnan,

como si apretándolos

diera acabada

mi cordura aún latente

y enfatizaran

para mostrarse eternos

junto a la helada.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Sabes que me emociona mucho ser la primera y lo hago en esta que sabes que me encanta tanto....y que nunca se apague este fogon
Te quiero