LA MIRADA DEL PERRO de Luis Felipe Vivanco

De pronto, trabajando, comiendo, paseando, me encuentro

la mirada del perro.

Me interrumpe como dos hojas de árbol dentro de una herida,

como llanto infantil de alma que nunca ha sido pisada todavía

o esa vieja mujer que friega, en cambio, el suelo, de rodillas.

De no saber qué hacer resignada, y huidiza,

y suplicante – de no saber que permanece en su orilla-,

me deja interrumpido como pequeña iglesia románica en un pueblo

o esa peña y sus grietas a un lado del atajo mientras sigo subiendo.

(Me deja entre mis libros de elemental e ingreso,

naturalmente, estudiosamente unido a Dios en el tiempo

de la imaginación que aún mezcla sus leyendas de Bécquer con

insectos.)

O me atraviesa con su temor de criatura confiada y su exceso

de alegría por mí (que soy un poco duro y no me la merezco).

La mirada del perro.