LA FLOR de César Aller.


No es la flor como una violencia
de la pura belleza.
Se nos muestra en el aire,
libre en su formación, no cincelada,
viva y libre ofreciéndose,
así como es el canto
del pájaro y en él gasta su vida.

Esa es la flor, miradla:
diferente en sus tiempos,
nunca estática,
y fiel a su hermosura
hasta llegar al límite.
Y, sin embargo, existía la flor,
prefigurada, múltiple,
con el secreto aroma
para cada instante futuro,
antes de su pugna en el tallo
o en la incierta clausura.

No es la flor como una violencia
de la pura belleza.
Viene a entregar, no hiere;
viene a ser más en el hombre que en sí misma,
viene a estar
en el que la contempla y a morir.