LA FLOR de César Aller.


No es la flor como una violencia
de la pura belleza.
Se nos muestra en el aire,
libre en su formación, no cincelada,
viva y libre ofreciéndose,
así como es el canto
del pájaro y en él gasta su vida.

Esa es la flor, miradla:
diferente en sus tiempos,
nunca estática,
y fiel a su hermosura
hasta llegar al límite.
Y, sin embargo, existía la flor,
prefigurada, múltiple,
con el secreto aroma
para cada instante futuro,
antes de su pugna en el tallo
o en la incierta clausura.

No es la flor como una violencia
de la pura belleza.
Viene a entregar, no hiere;
viene a ser más en el hombre que en sí misma,
viene a estar
en el que la contempla y a morir.

DEL CLASICISMO A LA DONCELLA

De entre la noche
donoso el broche
y verdes tojos,
fijé mis ojos
a la más bella,
una doncella;
negro el cabello,
nevado el cuello,
su nívea mano
sobre el piano
anda medrosa,
se ama la rosa,
y en la escena sonora
ni la hora ni el aplauso se demora.
Mientras miraba,
como tocaba,
de gesto altivo
y hondo cultivo,
la forma griega
el verso riega.
Vénceme entero,
su austro ligero,
y en la mañana,
la flor galana
será mi llave,
su aroma suave
ante el rostro sembrado
y mi interior como un jardín poblado.

BERCEUSE


Rainer María Rilke (1875-1926).

Su muerte le llegó con la herida que le causó una rosa cogida para una mujer. Su tumba recoge un autoepitafio que dice así "¡Oh rosa! Pura contradicción, voluptuosidad de no ser dueño de nadie bajo tantas pupilas". Berceuse pertenece a su antología "Nuevas poesías", admirar el lirismo tan puro en sus líneas y disfrutar.

Un día, si te pierdo
¿podrás dormir, acaso,
sin sentir sobre ti mi rumoreo
como de tilo una corona?

¿Sin que esté yo velando,
poniendo mis palabras
como párpados, sobre
tus senos, y tus miembros, y tus labios?
¿Sin que otra vez te encierre
sola contigo misma,
como un jardín poblado
de toronjiles y estrellado añís?

CUATRO INSTANTÁNEAS

Saint Emilion, abril 2008.

Nunca mis pupilas estuvieron

tan cerca de templarse

a ojos de quien observaba,

el reflejo de mi titilado.

***

Una terraza simétrica a la plaza

cuyos ángulos equiláteros

diferencian del orden

de mi cabeza.

***

Una ermita jubilosa bajo la torre

quien separa el soplo aireado

y asume el tiempo

del buen vino.

***

Tras mis pies

un laberinto de voluntades.

¿Y si te dijera que nunca antes

me sentí tan amado?

***

OJOS DE CAVERNA I


En tu antesala nuestro mar alarde,

te quiere tanto cual sombra aquilata

que el silencio tropieza con la tarde

y el corazón todavía arrebata.


Ni una escultura ni una ola cobarde

son el postigo del canal que me ata

ni un beso tardo aquel que nos aguarde

quien cemente mis labios color plata.


Eres tú desde adentro la voz quieta

que me sienta tan dulce en su silbido

y me acaricia en la cabeza prieta.


Eres tú del susurro, el conocido

que detiene los ojos en la grieta

para estampar la mente al seducido.


CANCIÓN DE ROMÁNTICO.



Si tocarte yo pudiera

en el calor del estío,

si tus labios entreabiertos

susurraran en mi oído

antes que tus pies caminen

y el rostro se torne frío,

que me dijeras que me amas

con el gesto contenido

y el céfiro en su apogeo

siguiendo el libre albedrío.

SAINT EMILION


Saint-Emilion está situado a 35 km al Noreste de Burdeos, sobre el lado norte del valle del Dordoña. " It's a jewel of stones in a setting of vineyards" y es que los vinos de esta pequeña ciudad medieval francesa son conocidos y apreciados en el mundo entero. La ermita, el osario, las catacumbas o la iglesia monolítica (el monumento más representativo en la arquitectura de la ciudad), fueron excavados en roca calcárea por un monje bretón, Emilion, que se trasladó a esta zona para consagrar su vida a Dios, lejos de todos. También se pueden ver vestigios de la época romana mientras recorres sus callejuelas escarpadas. Todo está empedrado, desde las casas hasta las calles con piedras de suave reflejo de color ocre. Una delicia! Echantée Saint Emilion!

LA MIRADA DEL PERRO de Luis Felipe Vivanco

De pronto, trabajando, comiendo, paseando, me encuentro

la mirada del perro.

Me interrumpe como dos hojas de árbol dentro de una herida,

como llanto infantil de alma que nunca ha sido pisada todavía

o esa vieja mujer que friega, en cambio, el suelo, de rodillas.

De no saber qué hacer resignada, y huidiza,

y suplicante – de no saber que permanece en su orilla-,

me deja interrumpido como pequeña iglesia románica en un pueblo

o esa peña y sus grietas a un lado del atajo mientras sigo subiendo.

(Me deja entre mis libros de elemental e ingreso,

naturalmente, estudiosamente unido a Dios en el tiempo

de la imaginación que aún mezcla sus leyendas de Bécquer con

insectos.)

O me atraviesa con su temor de criatura confiada y su exceso

de alegría por mí (que soy un poco duro y no me la merezco).

La mirada del perro.

BURDEOS 01



Tuve la suerte de conocer esta ciudad portuaria del sudoeste de Francia en Semana Santa del 2008.


No perderse nunca:


- La explanada de los Quinconces en el centro de la ciudad.

- La fachada de los Muelles, su paseo, sus recorridos fluviales y sus merenderos.

- El Gran Teatro, el Palacio Rohan y el Palacio de la Bolsa, obras maestras del siglo XVIII.

- La Catedral y las dos basílicas.

- Las plazas del viejo Burdeos, sus tiendas de artesanos y sus terrazas de cafés.

- El Triángulo bordelés, su mercado de las 4 estaciones y sus tiendas de lujo.

- La calle Sainte Catherine y sus grandes firmas.

- El barrio de los Chartrons, sus anticuarios, chamarileros y galerías de arte.

- El Barrio Saint Michel y su Rastro.

- Los numerosos museos.

El CIEGO

A Cobijeru.

Ni tus acantilados obran permanecer en la osadía de tu belleza tan poblada en las postrimerías de tus rocas. Ni mis manos vencen el exilio de las gotas que se pierden con tus besos tan fuertes y me salpicas, para abrirme en cruz y poseerme. Es tan difícil obviarte, que desconozco el principio por el cual, mi mente te dejó pasar tan adentro, tanto, que aún sigues recordándome los inéditos resquicios que asoman a cada vista. Es como si me atraparas en una red y por cada agujero que quisiera salir me retomaras para marcar la cuenca de mis ojos y depositarlos. Ni siquiera mi verborrea es capaz de adularte, ni la palma de mi mano de absorber todos tus lujos.

EL REFLEJO


Necesito tus labios,

para silenciarte con el índice,

tomando los médanos

de escarlata

hasta encontrar un halago

y cultivar el erial

donde no labran mis besos.

Titilarían mis ojos

cada vez que viese

como el iridio de tu cabello

se desdibujase cadencioso

con el aire alado

y tu esencia libre

sustrajera mi alma

y tomara el candor de tu rostro

poco a poco.

Y te miraría y me mirarías

y sólo sería eterno,

el reflejo.

CAPÍTULO 7. RAYUELA de Julio Cortázar



Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.



EN EL PRINCIPIO


¿Dónde está tu cintura,

cual río apaga

hasta desembocar

huérfana mi alma?

¿Dónde está aquella fuente

que riega mi habla

vid del verso silente

y fuerte parra?

Mecen mis grandes ojos,

ungen de baba

mis dedos al tormento,

y la luz gualda

que bautiza los días

sólo la mata,

se opaca con tus labios

como voz blanda.

De nuestra estable vida

ni se hace lanza,

el aposento al día,

ni se hace blanca

con el frugal la mente

o la mirada;

son tus labios rosáceos

o rojos que aran

recíprocos el campo

y se te encarnan,

como si apretándolos

diera acabada

mi cordura aún latente

y enfatizaran

para mostrarse eternos

junto a la helada.