
LA FLOR de César Aller.

DEL CLASICISMO A LA DONCELLA
donoso el broche
y verdes tojos,
fijé mis ojos
a la más bella,
una doncella;
negro el cabello,
nevado el cuello,
su nívea mano
sobre el piano
anda medrosa,
se ama la rosa,
y en la escena sonora
ni la hora ni el aplauso se demora.
Mientras miraba,
como tocaba,
de gesto altivo
y hondo cultivo,
la forma griega
el verso riega.
Vénceme entero,
su austro ligero,
y en la mañana,
la flor galana
será mi llave,
su aroma suave
ante el rostro sembrado
y mi interior como un jardín poblado.
BERCEUSE

Su muerte le llegó con la herida que le causó una rosa cogida para una mujer. Su tumba recoge un autoepitafio que dice así "¡Oh rosa! Pura contradicción, voluptuosidad de no ser dueño de nadie bajo tantas pupilas". Berceuse pertenece a su antología "Nuevas poesías", admirar el lirismo tan puro en sus líneas y disfrutar.
Un día, si te pierdo
¿podrás dormir, acaso,
sin sentir sobre ti mi rumoreo
como de tilo una corona?
¿Sin que esté yo velando,
poniendo mis palabras
como párpados, sobre
tus senos, y tus miembros, y tus labios?
¿Sin que otra vez te encierre
sola contigo misma,
como un jardín poblado
de toronjiles y estrellado añís?
CUATRO INSTANTÁNEAS
Saint Emilion, abril 2008.
Nunca mis pupilas estuvieron
tan cerca de templarse
a ojos de quien observaba,
el reflejo de mi titilado.
***
Una terraza simétrica a la plaza
cuyos ángulos equiláteros
diferencian del orden
de mi cabeza.
***
Una ermita jubilosa bajo la torre
quien separa el soplo aireado
y asume el tiempo
del buen vino.
***
Tras mis pies
un laberinto de voluntades.
¿Y si te dijera que nunca antes
me sentí tan amado?
***
OJOS DE CAVERNA I

te quiere tanto cual sombra aquilata
que el silencio tropieza con la tarde
y el corazón todavía arrebata.
Ni una escultura ni una ola cobarde
son el postigo del canal que me ata
ni un beso tardo aquel que nos aguarde
quien cemente mis labios color plata.
Eres tú desde adentro la voz quieta
que me sienta tan dulce en su silbido
y me acaricia en la cabeza prieta.
Eres tú del susurro, el conocido
que detiene los ojos en la grieta
para estampar la mente al seducido.
CANCIÓN DE ROMÁNTICO.

en el calor del estío,
si tus labios entreabiertos
susurraran en mi oído
antes que tus pies caminen
y el rostro se torne frío,
que me dijeras que me amas
con el gesto contenido
y el céfiro en su apogeo
siguiendo el libre albedrío.
SAINT EMILION
Saint-Emilion está situado a 35 km al Noreste de Burdeos, sobre el lado norte del valle del Dordoña. " It's a jewel of stones in a setting of vineyards" y es que los vinos de esta pequeña ciudad medieval francesa son conocidos y apreciados en el mundo entero. La ermita, el osario, las catacumbas o la iglesia monolítica (el monumento más representativo en la arquitectura de la ciudad), fueron excavados en roca calcárea por un monje bretón, Emilion, que se trasladó a esta zona para consagrar su vida a Dios, lejos de todos. También se pueden ver vestigios de la época romana mientras recorres sus callejuelas escarpadas. Todo está empedrado, desde las casas hasta las calles con piedras de suave reflejo de color ocre. Una delicia! Echantée Saint Emilion!
LA MIRADA DEL PERRO de Luis Felipe Vivanco
De pronto, trabajando, comiendo, paseando, me encuentro
la mirada del perro.
Me interrumpe como dos hojas de árbol dentro de una herida,
como llanto infantil de alma que nunca ha sido pisada todavía
o esa vieja mujer que friega, en cambio, el suelo, de rodillas.
De no saber qué hacer resignada, y huidiza,
y suplicante – de no saber que permanece en su orilla-,
me deja interrumpido como pequeña iglesia románica en un pueblo
o esa peña y sus grietas a un lado del atajo mientras sigo subiendo.
(Me deja entre mis libros de elemental e ingreso,
naturalmente, estudiosamente unido a Dios en el tiempo
de la imaginación que aún mezcla sus leyendas de Bécquer con
insectos.)
O me atraviesa con su temor de criatura confiada y su exceso
de alegría por mí (que soy un poco duro y no me la merezco).
La mirada del perro.
BURDEOS 01
Tuve la suerte de conocer esta ciudad portuaria del sudoeste de Francia en Semana Santa del 2008.
No perderse nunca:
- La explanada de los Quinconces en el centro de la ciudad.
- La fachada de los Muelles, su paseo, sus recorridos fluviales y sus merenderos.
- El Gran Teatro, el Palacio Rohan y el Palacio de la Bolsa, obras maestras del siglo XVIII.
- La Catedral y las dos basílicas.
- Las plazas del viejo Burdeos, sus tiendas de artesanos y sus terrazas de cafés.
- El Triángulo bordelés, su mercado de las 4 estaciones y sus tiendas de lujo.
- La calle Sainte Catherine y sus grandes firmas.
- El barrio de los Chartrons, sus anticuarios, chamarileros y galerías de arte.
- El Barrio Saint Michel y su Rastro.
- Los numerosos museos.
El CIEGO
A Cobijeru.Ni tus acantilados obran permanecer en la osadía de tu belleza tan poblada en las postrimerías de tus rocas. Ni mis manos vencen el exilio de las gotas que se pierden con tus besos tan fuertes y me salpicas, para abrirme en cruz y poseerme. Es tan difícil obviarte, que desconozco el principio por el cual, mi mente te dejó pasar tan adentro, tanto, que aún sigues recordándome los inéditos resquicios que asoman a cada vista. Es como si me atraparas en una red y por cada agujero que quisiera salir me retomaras para marcar la cuenca de mis ojos y depositarlos. Ni siquiera mi verborrea es capaz de adularte, ni la palma de mi mano de absorber todos tus lujos.
EL REFLEJO

Necesito tus labios,
para silenciarte con el índice,
tomando los médanos
de escarlata
hasta encontrar un halago
y cultivar el erial
donde no labran mis besos.
cada vez que viese
como el iridio de tu cabello
se desdibujase cadencioso
con el aire alado
y tu esencia libre
sustrajera mi alma
y tomara el candor de tu rostro
poco a poco.
y sólo sería eterno,
el reflejo.
CAPÍTULO 7. RAYUELA de Julio Cortázar

Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.
EN EL PRINCIPIO

¿Dónde está tu cintura,
cual río apaga
hasta desembocar
huérfana mi alma?
¿Dónde está aquella fuente
que riega mi habla
vid del verso silente
y fuerte parra?
Mecen mis grandes ojos,
ungen de baba
mis dedos al tormento,
y la luz gualda
que bautiza los días
sólo la mata,
se opaca con tus labios
como voz blanda.
De nuestra estable vida
ni se hace lanza,
el aposento al día,
ni se hace blanca
con el frugal la mente
o la mirada;
son tus labios rosáceos
o rojos que aran
recíprocos el campo
y se te encarnan,
como si apretándolos
diera acabada
mi cordura aún latente
y enfatizaran
para mostrarse eternos
junto a la helada.


